domingo, 16 de noviembre de 2014

En la muerte está la inmortalidad


Por cierto, en el morir hay renovación, ¿no es así? Sólo en la muerte algo nuevo surge a la existencia. No le estoy brindando consuelo. Esto no es algo en lo que pueda creer o pensar, o que pueda examinar y aceptar intelectualmente, porque entonces lo convertirá en otro consuelo, tal como ahora cree en la reencarnación o en la continuidad en el más allá, etcétera. Pero lo real es que, para aquello que continúa, no hay renacimiento, no hay renovación. Por lo tanto, la renovación, el renacimiento está en el morir de cada día. Eso es la inmortalidad. En la muerte está la inmortalidad; no en la muerte que usted teme, sino en la muerte de las conclusiones previas, de los recuerdos, de las experiencias, con todo lo cual usted se ha identificado como el «yo». En el morir del «yo» a cada instante hay eternidad, hay inmortalidad, hay algo que ha de experimentarse; no es para que se especule o se diserte al respecto, como hacen ustedes con la reencarnación y toda esa clase de cosas [...].
Cuando uno ya no tiene miedo, porque hay un morir a cada instante y, por lo tanto, una renovación, entonces se halla abierto a lo desconocido. La realidad es lo desconocido. La muerte es también lo desconocido. Pero decir que la muerte es bella, maravillosa, porque continuaremos en el más allá y toda esa insensatez, carece de realidad. Lo real es ver la muerte tal como es: un final, un final en el que hay renovación, renacimiento, no una continuidad. Porque aquello que continúa se deteriora, y lo que tiene el poder de renovarse a sí mismo es eterno.
                                                                           Krishnamurti

sábado, 15 de noviembre de 2014

Morir sin argumento alguno


¿Sabe usted qué significa entrar en contacto con la muerte, morir sin argumento alguno? Porque la muerte, cuando llega, no argumenta con usted. Para enfrentarse a ella tiene usted que morir cada día para todas las cosas: para su angustia, para su soledad, para la relación a la que se apega; tiene que morir para su pensamiento, para su hábito, morir para su esposa, de modo que pueda mirarla de un modo nuevo; tiene que morir para su sociedad, a fin de que usted, como ser humano, sea nuevo, lozano, joven, y desde ese estado pueda considerarla. Pero usted no puede enfrentarse a la muerte si no muere cada día. Sólo cuando uno muere para lo conocido, hay amor. Una mente atemorizada no ama; tiene hábitos, simpatía, puede forzarse a ser amable y superficialmente considerada. Pero el miedo engendra dolor, y el dolor es tiempo como pensamiento.
En consecuencia, terminar con el dolor es entrar en contacto con la muerte mientras uno está vivo, muriendo para su nombre, para su casa, su propiedad, su causa -eso es lo que va a ocurrir cuando uno muera-, de modo que esté fresco, joven, claro y pueda ver las cosas como son, sin distorsión alguna. Pero tenemos una muerte limitada a lo físico. Sabemos muy bien, lógicamente, sensatamente, que el organismo va a llegar a su fin. De modo que inventamos una vida que ya hemos vivido, una vida de angustia cotidiana, de insensibilidad cotidiana, de problemas crecientes con su estupidez; ésa es la vida que queremos llevar al otro lado, y la llamamos el «alma», de la que decimos que es la cosa más sagrada, una fracción de lo divino; pero eso sigue formando parte de nuestro pensamiento y, por lo tanto, no tiene nada que ver con la divinidad. ¡Es nuestra vida!
De manera que uno tiene que vivir cada día muriendo; muriendo, porque entonces está uno en verdadero contacto con la vida.
                                                                      krishnamurti

 

jueves, 13 de noviembre de 2014

Sólo aquello que muere puede renovarse


Cuando hablamos de una entidad espiritual, entendemos con ello algo que no está dentro del campo de la mente, es obvio. Ahora bien, el «Yo», ¿es una entidad espiritual? Si es una entidad espiritual, debe estar más allá de todo el tiempo; por lo tanto, no puede renacer ni continuar. El pensamiento no puede pensar en ella, porque el pensamiento está dentro de la medida del tiempo, el pensamiento proviene del ayer, es un movimiento continuo, la respuesta del pasado; así pues, el pensamiento es, en esencia, un producto del tiempo. Si el pensamiento puede pensar acerca del «yo», éste forma parte del tiempo; en consecuencia, el «yo» no está libre del tiempo y, por ende, no es espiritual, lo cual resulta evidente. De modo que el «Yo» es tan sólo un proceso del pensamiento; y usted quiere saber si ese proceso del pensamiento, continuando aparte del cuerpo físico, nace nuevamente, se reencarna en una forma física. Ahora avancemos un poco más. Aquello que continúa, ¿puede, en modo alguno, descubrir lo real, lo que está más allá del tiempo y la medida? Ese «Yo», esa entidad que es un proceso del pensamiento, ¿puede alguna vez ser nuevo? Si no puede, entonces tiene que haber una terminación para el pensamiento. ¿Acaso no es inherentemente destructiva toda cosa que continúa? Aquello que tiene continuidad jamás puede renovarse. En tanto el pensamiento continúe a través de la memoria, del deseo, de la experiencia, jamás podrá renovarse; por consiguiente, lo que es continuo no puede conocer lo real. Puede usted renacer mil veces, pero jamás podrá conocer la real, porque sólo aquello que muere, que llega a su fin, puede renovarse.
                                                                    Krishnamurti

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Tengo miedo


Lo que ahora me pregunto es cómo estar libre del miedo a lo conocido, que es el miedo de perder a mi familia, mi reputación, mi carácter, mi cuenta bancaria, mis apetitos, etc. Usted puede decir que el miedo surge de la conciencia; pero su conciencia está formada por su condicionamiento, de modo que la conciencia sigue siendo el resultado de lo conocido. ¿Qué es lo que conozco? El conocimiento implica tener ideas, tener opiniones acerca de las cosas, tener un sentido de continuidad en cuanto a lo conocido, y nada más [... ].
Está el miedo al dolor. El dolor físico es una respuesta nerviosa, pero el dolor psicológico surge cuando me aferro a las cosas que me brindan satisfacción, porque entonces tengo miedo de que alguien o algo me las quite. Las acumulaciones psicológicas evitan el dolor psicológico en tanto no se vean perturbadas; es decir, soy un manojo de acumulaciones, experiencias, el cual impide cualquier forma seria de perturbación; y yo no quiero que me perturben. Por lo tanto, tengo miedo de cualquiera que pueda alterar eso. Así que mi miedo es a lo conocido, estoy temeroso de las acumulaciones, físicas o psicológicas, que he reunido como un recurso para detener el dolor impedir el sufrimiento [...]. También el conocimiento ayuda a evitar el dolor. Tal como el conocimiento médico ayuda a evitar el dolor físico, así las creencias ayudan a evitar el dolor psicológico; por eso tengo miedo de perder mis creencias, aunque no tenga un conocimiento perfecto o una prueba concreta con respecto a la realidad de tales creencias.
                                                                                Krishnamurti

martes, 11 de noviembre de 2014

¿Miedo a la muerte?


¿Por qué teme usted a la muerte? ¿Será, acaso, porque no sabe cómo vivir? Si supiera cómo vivir con plenitud, ¿tendría miedo de morir? Si amara los árboles, la puesta del sol, la hoja que cae, si amara a los pájaros; si estuviera atento a los hombres y mujeres que lloran, a los pobres, y si de veras sintiera amor en su corazón, ¿temería a la muerte? ¿Le temería? No se deje persuadir por mí; reflexionemos juntos sobre ello. Usted no vive con alegría, no es feliz, no es vitalmente sensible a las cosas; ¿por esa razón pregunta qué va a ocurrir cuando muera? La vida es para usted dolor y, por eso, está mucho más interesado en la muerte. Siente que tal vez habrá más felicidad después de la muerte. Pero ése es un problema tremendo, y yo no sé si usted desea investigarlo. Al fin y al cabo, en el fondo de todo esto está el miedo: miedo de vivir, miedo de morir, miedo de sufrir. Si usted no puede comprender qué es lo que da origen al miedo, y así se libera de ello, entonces no importa mucho si está vivo o muerto.
                                                             Krishnamurti

lunes, 10 de noviembre de 2014

Percibir el estado de muerte


Tenemos miedo de morir. Para terminar con el miedo a la muerte debemos entrar en contacto con la muerte, no con la imagen que el pensamiento ha creado de la muerte, sino que de verdad debemos percibir el estado de muerte. De lo contrario no hay final para el miedo, porque la palabra muerte genera miedo, y ni siquiera queremos hablar de ella. Siendo sanos, normales, capaces de razonar claramente, de pensar con objetividad, de observar, ¿es posible para nosotros entrar totalmente en contacto con el hecho de la muerte? El organismo, a causa del uso, de la enfermedad, finalmente morirá. Si estamos sanos, queremos descubrir qué significa la muerte. No es un deseo morboso, porque quizás al morir comprenderemos el vivir. El vivir, tal como es ahora, implica tortura, continuo desorden contradicción; por lo tanto, hay conflicto, confusión y desdicha. El diario acudir a la oficina, la repetición del placer, con sus penas y su ansiedad, el andar a tientas, la incertidumbre, eso es lo que llamamos el vivir. A ese tipo de vivir nos hemos acostumbrado. Lo aceptamos; envejecemos con él y morimos.
Para descubrir qué es el vivir, así como para descubrir qué es el morir, uno debe entrar en contacto con la muerte; esto es, uno debe terminar cada día con todo lo que ha conocido. Debe terminar con la imagen que ha elaborado respecto de sí mismo, de su familia, de sus relaciones, la imagen que ha formado a causa del placer, de su relación con la sociedad, con todo. Eso es lo que va a suceder cuando la muerte ocurra.
                                      Krishnamurti

domingo, 9 de noviembre de 2014

Morir cada día


¿Qué es la edad? ¿Es el número de años que uno ha vivido? Eso forma parte de la edad; uno ha nacido en tal y tal año, y ahora tiene quince, cuarenta o sesenta años. El cuerpo envejece, y lo mismo ocurre con la mente cuando está cargada con todas las experiencias, desdichas y fatigas de la vida; y una mente así jamás puede descubrir qué es la verdad. La mente puede descubrir algo sólo cuando es joven, fresca, inocente; pero la inocencia no es una cuestión de edad. No sólo el niño es inocente -puede no serlo-, sino la mente que es capaz de experimentar sin acumular los residuos de la experiencia. La mente tiene que experimentar, eso es inevitable. Tiene que responder a todo, al río, al animal enfermo, al cuerpo muerto que llevan para la cremación, a los pobres aldeanos que transportan sus cargas por el camino, a las torturas y miserias de la vida; de lo contrario, la mente ya está muerta. Pero tiene que ser capaz de responder sin quedar atrapada en la experiencia. La tradición, la acumulación de experiencias, las cenizas de la memoria, todo eso es lo que envejece a la mente. La mente que muere cada día a los recuerdos del ayer, a todas las alegrías y los dolores del pasado, una mente así es lozana, inocente, no tiene edad; y sin esa inocencia, ya sea que uno tenga diez años o sesenta, no encontrará a Dios.
                                                               Krishnamurti